Fue la Biblia utilizada por los primeros cristianos y por los autores del Nuevo Testamento.
Pronto comprendió que su traducción no era solo académica: era un acto de resurrección. La Septuaginta interlineal que tenía entre manos era un puente entre el lenguaje y la memoria del mundo. Pero con ese don venía un riesgo. Una nota, esta vez escrita en tinta roja entre dos columnas, advertía: «Quien restaure todo lo que fue, afrontará lo que no quiso ser».
Para aprovechar al máximo esta herramienta, sigue estos pasos: