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Espérame, mamá. Algún día, en algún lugar que no entiende de calendarios ni de distancias, volveremos a vernos. Y ese día, te daré el abrazo que he guardado durante medio siglo. Con todo mi amor, tu hijo/a que nunca te olvida. Consejos para personalizar tu carta:
Te fuiste demasiado pronto. Me quedé con tantas preguntas sin hacer, con tantos abrazos guardados en el pecho y con un "te amo" constante atorado en la garganta. Me dolió tanto necesitarte en mis peores momentos y tener que conformarme con mirar al cielo buscando una señal, una estrella, un viento suave que me dijera que seguías ahí, cuidándome. Cuánta falta me hiciste cuando tuve que tomar decisiones difíciles, cuando el mundo se me vino encima y solo anhelaba esconderme en tu regazo para sentirme a salvo de todo. carta para mi madre 50 a%C3%B1os fallecida para llorar
¿Qué te gustaría incluir? ¿Cómo definirías la enseñanza más grande que te dejó? ¿Prefieres que firme como hijo o hija ? Espérame, mamá
El llanto es el lenguaje del amor que se quedó sin destinatario físico; es necesario y liberador. Con todo mi amor, tu hijo/a que nunca te olvida
Hoy no es tu cumpleaños, ni el aniversario de tu partida. Hoy es un martes cualquiera, pero llevo tres noches sin dormir. He intentado ser fuerte, como tú me enseñaste. He guardado las lágrimas durante semanas, he sonreído en las fotos familiares, he fingido que el tiempo lo cura todo. Pero esta madrugada, al ver mis manos, me di cuenta de que ya tengo las mismas arrugas que tú tenías cuando te fuiste.
A los cinco años, alguien se atrevió a decirme: "ya sonríes otra vez, qué bien". No entendían que esa sonrisa era de cartón piedra. Que por dentro seguía siendo ese huérfano que aún hoy, 50 años después, se despierta algunos domingos con la mano extendida buscando la tuya.
Hoy el calendario marca una fecha que pesa en el alma con la fuerza de un siglo y la frescura de un segundo. Han pasado exactamente 50 años desde el día en que tu voz se apagó en este mundo, medio siglo desde que tus manos dejaron de sostener las mías y tu presencia se transformó en un eco eterno dentro de mi pecho. Dicen que el tiempo cura las heridas, que los años anestesian el dolor y que el olvido es el destino inevitable de los que se van. Pero hoy, con los ojos nublados por las lágrimas y el corazón encogido, puedo confirmarte que el amor no sabe de calendarios, y que tu ausencia sigue doliendo con la misma intensidad desgarraza del primer día.